(Mehdi Belhaj Kacem, Transgression
and the Inexistent: A Philosophical Vocabulary. Clase que sigue a la que sigue a la introductoria.)
Toda redención prometida contribuye a
satisfacer la codicia insaciable de la Iglesia romana, para Mehdi. Hay que
resignarse al pecado original y abolir toda institución salvo la Lotería de
Babilonia… Mehdi quiere suplantar en el papel de paraíso en la tierra al
Comunismo por la globalización de Las Vegas. Las Vegas para Todos. Porque el
odradek inventado por Marx es la continuación por medios laicos de la Puta de
Babilonia –la susodicha Iglesia, a saber por Lutero.
Mehdi se figura el paraíso no bajo la especie de una Biblioteca de Babel
(como Jorge Luis Derrida) sino de Lotería de Babelonia. Cree que es posible un
mundo que no cobre las indulgencias. No existe, no existirá. Más probable es
que Fermi tenga razón y punto. Nosotros también luchamos por un Mundo Mejor,
como todo el mundo; pero uno un poco menos impracticable.
Al revés que Armesilla y el catolicismo ateo español, Mehdi disocia a
Lutero de Hitler: sostiene que los nazis combatieron todo lo que les recordara
a protestantismo y rubrica que la humanidad está indefectiblemente corrompida
por el pecado original. La unidad de la tierra y la sangre, lo mismo que la
sociedad sin clases o la promesa de la economía de mercado, promueven dar por
culo al Mal de una vez por todas y acaban agravándolo. Él es “filosóficamente
luterano”, como Rousseau, medio Kant, Hegel y la modernidad misma. Su empresa
es resistir la laicización del catolicismo metafísico (que pretende redimir,
dice, a la humanidad del Mal definitivamente y lo redobla de resultas), aunque por
negligencia nunca escribirá un Après
Bueno (y eso que el apellido de don Gustavo le vendría de perlas). Pero a
nosotros, lo que tenemos de judío y de protestante nos abochorna hasta la
náusea, aunque nos metamos los dedos hasta el fondo más recóndito del garguero
para seguir vomitando. Dicen la Modernidad como si fuera una fuerza impersonal
de la Historia… “La Modernidad” enmascara hechos concretos, batallas con nombre
y apellido, un pólemos de Imperios y no una fatídica espiral del Espíritu…
La fobia ancestral que guarda todo francés hacia España (ya que los
únicos que olvidan tantos siglos de hegemonía planetaria y vanguardismo
científico-cultural son los hispanohablantes), los lleva a creer creer que todo
milagro viene de la frontera norte y que eso es lo filosófico por antonomasia y
eminencia (cuando no es más que una parodia berreta de Grecia y un plagio que
se come crudo de toda la verdad amasada en mil años de pax escolástica). No sabemos si ese respeto tembloroso por lo
teutónico es fruto de una inoculación hegeliana o hitleriana, pero como sea,
Medhi, al igual que su padre (hijo de) puta (tivo), sólo acepta conversar
diplomáticamente con ellos, ya que a la Madre Patria van nomás a veranear y a
la Argentina a predicar vía reportajes de Quiroga y conferencias de UBA y UNC.
Ahora el mundo gira al revés (Lutero lo hizo, no Menem) y los bárbaros nos
llaman bárbaros, como si Séneca, Quintiliano, Marcial, Lucano, Trajano, Adriano
o Teodosio hubieran salido de la Universidad de Heidelberg o de los gametos de
Bismarck. Escribí el Quijote y hablamos. Hay más filosofía en los dos tomos de
José Hernández que en los doscientos cincuenta mil empollados por el Idealismo
Alemán o en las infinitas entradas de la Larousse de los dos mosqueteros
(Diderot-D’Alembert). De Onda. Además el Más Grande de Todos los Tiempos soy Yo
y punto, que ni necesito de una filosofía para ello pues ya las tengo todas
conmigo desde que leí a los 15 los manuales de García Morente y Fatone (hasta
coronarme con el Deleuze para Principitos
y el Principiantes para Foucault[1]).
La única salvación posible es la luterana: confesarse corrupto hasta la
médula por el egoísmo. Mehdi, el Rousseau redivivo del siglo, aspira a
versionarla desde la filosofía, como si fuera su perfeccionamiento. Contrera
íntegro de Platón-Badiou, no sueña del todo con erradicar el carozo religioso
del bípede inalado (áptero). Presenta su doctrina como la primera laicización
jamás realizada de la doctrina religiosa del pecado original y tiene como
objetivo recuperar de la religión lo que esta le robó a la filosofía
subordinándola. No se puede acabar de una vez con Badiou, cepa de punta o
evolución genética más reciente del virus platónico, para volver a la
posmodernidad ortodoxa recitativa, estilo Darío Z. No se trata de Nietzsche y
Spinoza una vez más por vez enésima. Los nuevos aires del siglo en curso exigen
otra actitud ante la religión, no disimularla como sofista canchero que no
quiere saber nada del asunto. Si el opio no puede prohibirse, porque la
prohibición multiplica su consumo al volverlo transgresivo, corresponderá
condescender y nomás laicizarla. ¿Pero no vivimos acaso sufriendo los
calamitosos efectos diarios de un mundo creado por Lutero y corregido
(empeorado) por Rousseau? Pues para Mehdi es al revés, salvo que nos esté
vendiendo gato por liebre, un cortoplacismo de la destrucción total ad libitum enmascarado de reformismo
bienintencionado.
El metafísico libra cheques en blanco; pero parece que la chequera de la
PyME de Kacem nunca está sin fondos. Prefiero a Les Luthiers antes que Lutero
(cuyo nombre significa Lucifer + Bestia).
Après Badiou, queda, por supuesto, un cuasi volver a empezar
del antiplatonismo sigloveintista. Mehdi es, en buena medida, un restaurador
del orden, o desorden, que supuestamente dominó al pasado siglo. El
antiplatonismo s. XXI debe reconstituirse como antibadiuísmo. Pero no se queda
en la reparación y reacondicionamiento del mobiliario demodé, sino que persigue
la síntesis. Caso contrario, seguiría lucrando como la industria del paper, epitomizando a cuadros sinópticos
los productos rentabilizados por la corporación francesa de los 60, que acá
entraron a saco con la mega-apertura de importaciones simbólicas gestionada por
la democracia desde el 83 (ese poco al que Martínez de Hoz aplicara aranceles antidumping en fecha inmediata
anterior).
La suya se dice una filosofía del Mal que pone a prueba a la metafísica
clásico-dogmática, inspirada la última en el presupuesto de que el ser no puede
no desear el Bien y, por lo tanto, consagrada a espiritualizar o sublimar la
ferocidad apropiativa con etiquetas tales como el conatus espinociano. Sólo existe el afecto apropiativo-expropiador.
El humano es el único animal torturador, e incluso practica la tortura
metafísica. Sólo él puede desear el Mal en cuanto tal. El animal de los afectos
tecnológicos pervierte la crueldad depredadora del mero animal merced a leyes
lógicas. La pleonexia, codicia, o
literalmente tener más, es la
perversión fundamental originaria del ser humano, ese animal de la apropiación
tecnomimética. A más apropiación (Bien), más expropiación (Mal).
La genialidad de la religión trágica y la de la judaica radican en que
no gambetearon la reflexión sobre el Mal, es decir sobre aquello que el primer
archivo filosófico, el griego, no tenía ningún concepto. El programa de
Nietzsche, la abolición del par Bien-Mal como superación suprema, repite el
gesto metafísico originario. En Platón el Mal era, en últimas, nada. La
filosofía, llamándole nihilismo, aniquila o nihiliza el Mal bajo la imputación
de que este aniquila (o anihila) lo positivo, la donación, la afirmación, el
impulso metafísico que todos llevamos dentro, y así logra hacer del nihilismo la
última y más sofisticada de las formas en que irrealizó el Mal a lo largo de su
historia. Desde el s. XVII, con Spinoza sobre todo, la filosofía quiere sacarse
de encima a la religión, no dejando de presentarse como transparente y sin
abolir la teoría de Dios. El Mal, tanto en Spinoza, Descartes o Leibniz, es
privación del Bien. He aquí la insensatez originaria de la filosofía, su
confianza ciega en su contrato con la ciencia: metele a full a la geometría que todo va a estar pipí-cucú (como querría
decir Monzón). Por eso Lutero es un creador conceptual que les va por delante,
filosofando sobre el Mal y transformando el mundo de una manera mucho más
decisiva que el eudemonismo desesperanzador de los filósofos, que se ufanan
amagando trazar un concepto plano y burdamente insustancial del mismo. Después
de la Revolución Francesa, Kant ubica a la filosofía y la religión en estrictos
límites, pero sigue concibiéndolo como etapa transitoria del Bien. A paso
seguido, por primera vez con Hegel, muerte y Mal se incorporan a la inmanencia
de la filosofía y el último se hace muerte viviente, si bien todo acaba en el
final feliz de siempre con la síntesis entre amo y esclavo que da lugar al
ciudadano libre e igual en derechos y deberes. Y Marx sólo rellenaría a esta
penúltima Jerusalén Celestial secularizada con su versión de la reconciliación
final asimismo extraída de la teología. Son los dos amiguitos de Hegel los que
paran la bocha. Hölderlin se vuelve loco pensado lo trágico y descubriendo que
la Historia es una calamidad; Schelling da por fin un concepto filosófico del
Mal en Investigaciones Filosóficas sobre
la Esencia de la Libertad Humana y no publica nunca más, como efecto
colateral de no prometer el Paraíso en la Tierra: el hombre es libre porque es
capaz del Bien y el Mal. Estos tuvieron un francesito suizo-maldito de
precursor, quien localizó el Mal en la ruptura entre Civilización y Naturaleza
y laicizó por vez primera el Pecado Original, enseñándole a la Filosofía a
desconfiar de la Ciencia: Juan Jacobo. Al quía se le deben las revoluciones más
radicales de nuestra época, anota Mehdi. Desde el pesimismo de Schopenhauer y
la promesa de Nietzsche de enfatizar la injusticia y la crueldad del Mundo más
allá del Bien y del Mal, se baja el telón de fondo de la Jerusalén Celeste
filosofizada, golpea la puerta Heidegger y con él el arribismo masivo del
posmodernismo francés… y todo marchaba horriblemente de perlas hasta que cayó
Badiou del forro del saco de la Historia para volver a decir con la mayor
grosería posible que la muerte no existe, que el Mal es una categoría de la
teología o de la moral como teología degradada y que la Revolución Cultural
China es una creación de verdades eternas –entre otros titulares–, con lo que
logra convertirse en el autor filosófico más leído y traducido del globo…
Que el verdadero sabio no medite sobre la Muerte, según la fórmula que
Badiou rapiñó al entrañable marrano de la Razón, permite investir de tal halo
presocrático a Pol Pot y Lin Biao. Mehdi, que si algo de fama y traductores
tiene será porque también adorna con lo suyo el presente y recibe de quien
corresponda el adorno consecuente, se ubica dentro del coro parroquial
infalible de aquellos que fraccionan el universo en un antes y después de
Auschwitz, como si el paso de los anglos por la India o el de los belgas por el
África carecieran de méritos para divisor, y en tal sentido considera que après dicha gesta abominable, de haber
no estado muerto como para salir vivo de la misma, don Benedicto se hubiera
retractado a pie juntillas de semejante bravata sapiente. Rumiar la parca,
dice, es tema obligado. Es más: sostiene que todo filósofo moderno se erige sobre
el concepto original de muerte humana que formatea.
Ni Arend da un concepto del Mal hablando
de su banalidad, ni Adorno hace otra cosa que asignarle meras explicaciones
sociopolíticas. Todos creyeron que Nietzsche resolvió la cuestión del Mal de
una vez por todas, tapándolo con el nihilismo que dio letra al conjunto de
comentaristas académicos y que Badiou ve hasta en la sopa, salvo en Wagner, Mao
Tse-Tung y él mismo. Se devanaron los sesos los filósofos sin éxito y a lo
largo de un siglo para ver cómo lo superaban, cuando el asunto está en dejar de
considerar al nihilismo una realidad y desmantelarlo pieza por pieza. Pasa con
el Mal, para Mehdi, lo que con la psicosis según Lacan: su exclusión de lo
simbólico –en este caso, de la discursividad especulativa– hace que regrese
desmesuradamente a lo real. Pero como no recae bajo ninguna necesidad
“ontológica”, para Badiou es nada. Al mostrar que surge de una contingencia, de
un accidente, la religión articula un pensamiento mucho más lúcido que la filosofía
(exceptuados Rousseau y Schelling, que laicizaron el pecado original desde la
“libertad de elección”). La incapacidad de ver el Mal explica la derrota de la
filosofía ante la religión, siendo la metafísica clásico-dogmática mucho más
responsable de él de lo que imagina. El conato anacrónico y desesperado de
aniquilarlo que lleva a cabo Badiou, es cómplice del capitalismo que dice
combatir. Para Mehdi, el Mal es cuestión filosófica pero no metafísica, porque
no compete a la necesidad; está ligado a la contingencia del acontecimiento
tecnomimético y, por lo tanto, no es una fatalidad insalvable…
Acá, me temo, su luteranismo hace aguas y le da el gusto al negativismo
filosófico de los Adorno: ¿por qué –se pregunta– en condiciones racionales de
librarse del sufrimiento los hombres le siguen dando manija? Es esta, sin
dudas, una pregunta muy filosófica y acaso no menos impertinente y naif, si es
que no impostada. El izquierdista filosófico doblega al inconmovible
protestante, dado que sostiene que la filosofía no debe perder las esperanzas
de prevalecer alguna vez por sobre la religión. El luteranismo kacemiano es
sólo un préstamo, uno que él pretende prorratear entre los filósofos a fin de
que se especialicen en el Mal de una vez para alcanzar su ansiada y malograda
prevalencia. Para ello habrán de forjar una fenomenología del mismo tan
exhaustiva como la platónica del Bien y la hegeliana del Espíritu. De tal
suerte, Mehdi espera que dejemos de vagonetear con el eudemonismo y que los muy
turros la corten con el tic de vender falsas promesas tan fallutas como las que
mercadea su rival y cómplice, la religión.
Consagrados a la filosofía desde el modelo idílico-trágico de Macedonio
y Elena, ¿cómo no entregarnos de cuerpo y alma al eudemonismo helenístico
(siendo que una hache de más o de menos se le exculpa a cualquier Técnico
Nacional rosarino)?
Debemos velar porque Macedonio siga dando gracia, reescribiendo sus
mejores chistes. La eternidad se actualiza siempre, esa es la joda de estar
vivo, y si los vecinos no nos oyen, porque prefieren un Capusotto o, tantísimo
peor, un Darío Z, debemos entonces ser los libretistas restauradores que
acondicionen los nuevos Witze que el
Altísimo o gran Otro finge querer escuchar desde su sofá de voyerista panóptico.
En esa nada nos encomendamos a gusto.
Como ni se van a mosquear por leer a este tipo, puede ser que con mi
método de achicar a copy-paste e
intercalar con chistes bobos e intimismo a cuerda, se den por aludidos y lo
escuchen un poco, que vale la pena. Si no no importa porque esta fiestita me la
doy a mí. Al final, siempre hay que ayudarse con algún francés –no hay caso– y
este encima tiene nombre de refugiado o MENA (así que voy a quedar bien),
aunque es cierto que no entraría en el Plan Kalergi porque es rubiecito de ojos
claros. Introduciremos a Mehdi a nuestra manera y no con las páginas de
cortesía (las que no dicen nada) con que lo hace la editorial Quadrata que,
como su nombre lo indica, no llega más que a permitirse infiltrar en su catálogo
a un díscolo de aparato tipo Abraham. No con esto decimos que pretendemos
deleuzizarlo (enculage), ni mucho
menos (o un poco sí, pero sólo la puntita) (onda Latorre), pero no
formatearemos el Kacem para Principiantes
a manera de historietas y con esas caricaturas horrendas en tapa que emitía la
casa editorial Longseller porque esto va de regalo y ni a la corta ni a la
larga va a venderse mucho (así lo publique José Shortgiver o Magolla). Prefiero
extroducir para concluyentes que introducir para principiantes, cosa que suena
muy pederástica, como todo en filosofía. Y en esto me mantengo Anti. Acá no
introducimos ni a aprendices de brujos ni hacemos caza editorial de brujas
(aunque quizá también la puntita en los dos casos). Nos resignamos a
desprestigiar a la Filosofía, como Viñole a la Literatura, o como Sócrates a la
Sabiduría. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué es lo que quieren más de mí?
No hay que dejarse domar por la Academia y el Mercado, ser eunuco de una
u otro. ¿Qué es desprestigiarla? Arrebatarla de allí, rescatarla de ese
cautiverio binorma. Si de resultas de ello aparece vestida de florcitas, como
una putita entre otras, ¡qué mejor! Considérenme su proxeneta. Que al menos no
soy su verdugo, como esos dos matones a sueldo.
Verdaderamente es más orientativo seguir cada tanto a conspiranoicos de
YouTube de toda laya que el zapping
salomónico entre TN y C5N o ser una sarmientita progre que no razona sino
recitando con bridas y anteojeras caballares las postizas oraciones del credo
universitario.
En su nematologismo cuotidiano la religiosidad neouniversitarista
compite en fanatización y sonsera con su rival, colega y aliado impalpable, el
evangelismo que lo acompaña por las suyas en su aventurerismo triunfal. Es tan
imposible socratizar al primero (“dialogar”) como a dos Testigos timbreros de
Jehová. Ambos son testaferros de un Dios programado. Los segundos no escuchan
nada y los otros lo que quieren escuchar: su propio rezo, invertido.
Para entrar en el sistema (el filosófico o cualquier otro departamento
del mismo) hay que ser un Miss Simpatía, independientemente de si se aparece en
las fotos de solapa con ceño fruncido, cara de ido o pose de interesante. El
mercado, académico o extra, tolera sólo los berrinches del criticismo de la
corte. No por excluidos del banquete, los ceros tenemos la verdad; pero la
verdad es esa o esa es una verdad –o por lo menos media (te la concedo, Lacan).
Cuando Adorno entona que “dado el nivel de fuerzas productivas, la tierra
podría ser aquí y ahora el paraíso”, ¿está descubriendo el Mediterráneo o
encubriéndolo? Yo en mi próximo libro probaré con el movimiento opuesto: no
firmaré como me llamo (un González, dos Rossi, otro Pérez) sino con el
heterónimo Bernardo Finkelstein. Así tal vez me salga algo publicable. Y ahí la
cagaré.
En su exacerbación, en la consumación de su esencia, el susanito
académico se abraza a la creencia de que ninguna conspiración tiene lugar en el
mundo presente; ninguna, al menos, que no sume puntos al currículum, que no
esté certificada por algún aparato de prestigio universitario. Así este
espécimen ha resultado ser la continuación directa pero tecnificada,
jergalizada y blindada en gueto especializado, del normie diseñado desde guardería hasta 5º o 6º año de secundaria,
vía escolarización obligada, medios masivos, voluntariado general de la masa y
demás estructuras que redondean el pastoreo local-global. Efectos de la Onda en
el seno mismo de la Academia: no se puede denunciar ninguna configuración de
poder cuya denunciabilidad no sea pasible de onderizacion…
Si verdaderamente no se entiende nada, como es probable que sea mi caso,
si se tiene una visión fallida, grosera o limitada de las cosas, hay que romper
el carnet –como aquellos hinchas de NOB– y dedicarse a tareas de otro tipo, o
en su defecto, expresarse sobre aquellas desde la colocación y el habitáculo de
un don nadie, como más factiblemente es mi caso.
Acá nos podríamos colocar en el espectro de un simple lector silvestre,
incluso descocado, algo aparatoso y bastante desinteresado, de filosofía. ¿Por
qué no tendríamos derecho a respirar si de nuestra labor salen tantas o más
idioteces y verdades que de la manga de un profesional en el rubro sin rubro?
Al menos yo exijo un lector que no existe, mientras estos serían capaces de
adoctrinar a toda la población intergaláctica –contando cúmulos.
Usted creerá que soy nomás una máquina de estar pelotudeando por
escrito. Déjese llevar, y verá que no es así. Y si ello no ocurre y no lo ve,
haga el esfuerzo de darse cuenta de que Vd. es un incurable. No pierda el
tiempo en mí ni en Vd. mismo. Hay otras cosas en la vida.
Conspirar y respirar son casi tan frecuentes. Yo me atrevería a quitar
la Parodia y la Mímesis del sitial de omnipresencia en el que los emplaza Mehdi
y colocar allí a la Conspiración como panacontecimiento.
Verán que reseño libros mientras pienso en otra cosa. Tu psicoanalista
hace lo mismo y encima le pagás y salado.
A veces no entender es más entender que entenderlo todo. Puede que ni me
entere de lo que dice el libro, pero me voy enterando de otras cosas, cosas que
algunas veces no pasan de mi cabeza, pero que con entenderlas ya me empiezo a
predisponer mejor para ir entendiendo las exógenas.
Si te ficha la Institución, te envuelve en una membrana adhesiva casi
imposible de sacar: te obliga a ver todo detrás de esos visillos. O al menos me
daba esa sensación (la sensación de Caverna, Caverna VIP). Prefiero este
sensacionalismo de Pobreza (intelectual) que te deja expuesto a cualquier cosa.
Sin ese muro protectorio uno puede ser peloteado como en un entrenamiento
intensivo, y hay que atajar todos los disparos sin discriminar de parte de
quién vienen, si del artillero y goleador con la cinta de capitán del team rival, del alcanzapelotas, del 2
tuyo, de una fanática de atrás del alambrado, de la máquina o cañón
lanzabalones o de los sueños o cualquier otra regional del no-estímulo externo.
Dicen que a Emiliano Martínez lo entrena Scaloni poniéndole de zagueros la línea
defensiva de la Selección Nacional de Fútbol Femenino.
Badiou ha sido una revelación para Mehdi: es quien le permitió tomar una
visión panorámica total, definitiva y acabada de la trayectoria íntegra de la
metafísica como calamidad, como “desastre”. El Maestro por la inversa. Gracias
a él todo se aclara, aunque al vesre. Como caricaturista matemático terminal,
creador concluyente de un sistema metafísico anamofósico, reflejó la
monstruosidad de los dos milenios y medio que lo precedieron y anticiparon. Y
la sistemática de Kacem si no es un badiuísmo invertido, pega en el palo.
Mehdi vuelve a convertir metafísica y platonismo en malas palabras (como
si Badiou hubiera abolido la posmodernidad de un día para el otro y hoy
gobernara nuestras vidas junto a Apple, Nvidia, Microsoft, Google, Amazon y en
casa Mercado Libre); empero les da nueva vida a monedas gastadas como crítica,
negatividad y fenomenología (e incluso dialéctica o Hegel), tanto como se
permite empujar del pedestal a santurrones del posmodernismo tipo Nietzsche y
Spinoza, hasta el lunes próximo pasado casi tan intocables como el mismísimo
Nicolino. Los reaccionarios que lo acusemos de posmo, lo haremos por propia
cuenta y riesgo-beneficio.
Con Platón, dice Mehdi, la filosofía promete una política perfectamente
ultrarracional regulada por la ciencia y las matemáticas, ante el presunto
fracaso político de la religión. El desiderátum de su República es que la
filosofía debe reemplazar a la religión: una de las dos debe ganar sin dejar rastros
y la otra desaparecer, tal es el proyecto originario de la filosofía. Platón
perdió el duelo histórico y la religión hegelianizó la lucha: cedió a no
suprimirla con la condición de no preservar nada de ella, le perdonó la vida
mientras se convirtiera en su auxiliar, su herramienta viviente (¿o pensante,
una IA al servicio de la Iglesia?). Digamos que la filosofía se resignó a no
ser el discurso del Amo o el Amo del discurso, salvo el discurso del Amo
religioso –o uno de ellos–; volviose sin más esclava de la religión, fingiendo
morir ante su vencedor con tal de que este le perdonara la existencia, y se
dispuso a trabajar para quien lo humilló. Quien pretendía ser la sucesora de
aquella, acabó oficiando de mucamita durante 18 siglos. “Las
últimas escatologías filosóficas, la kantiana, la hegeliana y la marxista,
dieron, sin embargo, la ilusión, durante casi dos siglos, de que la filosofía
finalmente lograría lo que Platón no pudo: suprimir y suplantar la religión de
una vez por todas. Esto fue particularmente evidente con el marxismo. Y es, sin
la menor coincidencia, desde el evidente colapso de este último que la religión
vuelve a prevalecer en el mundo, sobre una filosofía vacía de contenido,
prácticamente reducida a una mera práctica cultural y de consumo, más marginal
y folclórica que todas las demás.” El actual regreso de lo religioso llueve
en forma de parodias monstruosas: el islamismo del Islam, el evangelismo del
cristianismo, el sionismo del judaísmo. Auschwitz fue el sacrificio tecnológico
pagano para librarse del pecado original inmolando a sus representantes
históricos.
Con lo bien que deja Mehdi a la judería y al feminato, no entendemos cómo
cayó en el denuncismo de la Caverna-2020. Venía Bien… y se fue a pique… ¿Es
todo porque san Badiou salió a quebrar lanzas por ella?
¿Son “los judíos” la última capa del poder
que nos sodomiza a diario o los chivos expiatorios de una capa aún superior?[2]
¿Son los apresados entre las comillas de dicho sintagma, los concentrados en
dicho campo, inocentes de toda entidad sustantiva y unificadora, e incluso
inocentes de todo y víctimas hasta de cada pulso de nuestro corazón y de todo
el aire que entra y sale every breath you
take? ¿Quién manda? ¿Manda alguien? ¿Algo? ¿Hay mando? ¿Tiene razones que
la razón desconocía la democratización cosmológica del poder que hubo efectuado
Foucault? ¿El trío Trump, Putin, Xi Jinping? ¿La Nobleza Negra Veneciana? ¿El
Grupo Bilderberg? ¿El Foro Económico Mundial o de Davos? ¿El de São Paulo? ¿La Agenda 2030? ¿Una dialéctica entre
Soros y los Rothschild? ¿El Deep State?
¿El Complejo Militar-Industrial en alianza con el de Edipo? ¿Jesuitas y Masones
dentro y fuera del Vaticano? ¿El Anglosionismo acaso? ¿La Oligarquía Financiera
Trasnacional? ¿Imperialismo Anglo? ¿La mesa chica entre el Pentágono y la
Reserva Federal? ¿La Burguesía, esa antigualla que incluye al dueño de la
agencia de autos de a la vuelta y su quinta en Funes? ¿El concordato dialéctico
entre Dios y Satán? ¿El Espíritu, el Destino, la Voluntad de Vivir o la de
Poder, el Conatus, el Capital? ¿La
Pulsión de Muerte y el Resentimiento? ¿El Principio del Placer del Texto? ¿El
Fascismo como forma de vida antiprogre y Diantre laicizado? ¿Un pacto
bimilenario y escolástico entre el Judeocristianismo y la Filosofía básicamente
platónico-aristotélica? ¿El mismo Diógenes dado vuelta como un guante o
matrimoniado con Platón (como piensa Glucksmann)? ¿Yo, que soy el único
Solipsista del que puedo dar fe? ¿Los Anunnaki? ¿Reptilianos y Hombres de
Negro? ¿El Patriarcado? ¿La Mujer o Histérica? ¿El Demiurgo, la Mossad? ¿El
Antiplatonismo? ¿El Platonismo? ¿La FIFA? ¿Roma? (¿Carrizo? ¿Fillol, Gatti, el
Dibu, el Oso Díaz, Tesorieri, Tito Funes?) ¿Una Oclocracia universal y
anarquista que le echa la culpa de todo a los culorrotos de los millonarios (o
sea los Débiles de los que debemos defendernos con Nietzsche y “discriminación
inversa” los fortachones)? ¿Un Perón-Transnacional-Originario anterior al Big
Bang? ¿La Sinarquía Internacional? ¿El Azar? ¿El Mercado? ¿El Supercoop, La
Reina? ¿Una red compleja de actores que incluye superpotencias estatales (como
Estados Unidos y China), corporaciones multinacionales, instituciones
financieras internacionales (como el FMI) y organismos multilaterales (como la
ONU)?... Dejemos de lado las Teorías de la Conspiración, puesto que la
Conspiración es básicamente una permanente Praxis universalmente asentada y en
pleno y cuotidiano ejercicio, y dejemos también a los fóbicos que las repelen a
partitura entre aulas y platós (ya que no Platón)… ¿Qué queda?… ¿Son élites
ocultas que gobiernan en las sombras, o actores institucionales, estatales y
económicos visibles y documentados a plena luz del día (salvo para el 99,999%
de la masa imbécil de este mundo alimentado a Redes y TV), o bien anónimas
fuerzas extrahumanas y cósmicas o divinas?
¿Y realmente qué importa? ¿Para qué quisiéramos saberlo si la Onda es
más importante que el Conocimiento y que la Importancia misma? Hoy dan Argentina-Honduras
y este año viene Def Leppard con Extreme como invitados especiales. ¿Te los vas
a perder, papá? Yo no, yo no te cambio un Coño Si Miento por dos millonésimas
de Onda. ¡Lo digo en serio!
Cadáveres postergados que ya ni procrean, proletariado
tarado-vasectomizado… ¡un abrazo a todes!
Comentarios
Publicar un comentario