Se dice que Badiou es “el mayor
filósofo vivo”, y ya sabemos lo que quiere decir vivo. ¿Y si yo fuera el
mayor filósofo boludo? ¿Tiene algún mérito? ¿No prohibió el INADI la
meritocracia, acaso? Además, ostentar longevismo (categoría en filosofía ya
invalidada por Fernández hace un siglo) no aporta mucho. También Francisco
Romero fue un mayor filósofo y vivo; pero ahora está muerto y aun así no me
gusta (menos por liberal que por militar). Necesitamos un filósofo ni de moda ni filósofo. Uno que ni necesitemos.
Sumo con los dedos (sumo no, pancracio).
No entendemos un comino de la matemática de Alain Delon Badiou (¿o era Clink
Maderadeleste, Tom?). Nos bastaría –de bastardo– con entender dónde pusimos las
patas, ce qui est impossible, ô Diogène !
Lacan humilló a los
filósofos porfiando en que son unos bloqueados para las matemáticas; pero
parece que para “los científicos” el bloqueado es él. Es fama que según Sokal y
pareja las matemáticas lacanianas son “fantasiosas” y, más bien, un resabio de
su “dejadez en materia de rigor científico”, una impostura intelectual
que, empero, no hace mella ni en Badiou ni en Milner, que siguen en lo suyo,
lacanizando y fantasmeando matemáticamente como si nada.
El ladrillo de los fisicomatemáticos (alias
Imposturas intelectuales) se mete poco con Père Badiou,
básicamente porque lo leyeron de pasada. Es noticia, aun así, que le llegó su
turno de ser sokalizado por una tal Benedetta Tripodi, avatar-simulacro de una
dupla de filósofos “de la ciencia” profesionales y maliciosos que le patearon
el zócalo expidiendo su chapuza-frangollo al electrónico magazín Badiou
Studies. ¿Es el ontocondicionalismo matemático, entonces, mera impostura
intelectualoide, posmoderna o filosófica? (¿Alguna de las tres? ¿Las tres?)
¿Impostó también Platón, además de bloquearse? ¿Cuándo arranca la impostura
matematicista? ¿Acá en Posmodernia (Francia) o acullá en la Hélade? ¿Son los
Sokales de este mundo, ya que no impostores, unos bloqueados o bloqueadores de
las matemáticas que no las dejan pensar? ¿Cómo se da esta dialéctica entre Impostores
y Bloqueados? ¿Es este Badiou el
caramelo de un grupúsculo de posmodernos resentidos con los posmodernos o con
ínfulas de no-posmodernos o posmodernos-superados o superadores?
El nuevo affaire es autosignificado como “una farsa para desfilar el globo badiousienne”. Un higo comiéndose a un
burro. ¡Atención, estoicos! La escandalización soporiferizadora continúa. El
nerd es así, no puede con su ingenio. Acá se lo acusa de autoproclamarse –valga
como énfasis la redundancia– “el filósofo francés vivo más leído y comentado”,
de ser abstruso y arrogante, de incurrir en impenetrables obviedades, de
verbosidad exudativa-redundante, de reforzar lazos de clan, de defender una
teología negativa del acontecimiento misterioso, de no ser tomado en serio por
nadie que se dedique a la filosofía de las matemáticas (ni a la metafísica o a
la historia de la filosofía), de convertir al objeto matemático “conjunto
vacío” en un concepto ontológico que influye en el mundo y hacerlo sin
profundizar en las condiciones bajo las cuales las matemáticas podrían decir
algo sobre él, y por ende, de no platónico sino pitagórico porque “todo es
número”. Se lo acusa del márquetin paratáxico de pegar etiquetas (tags) que dan la impresión de un
discurso sobre algo que ni existe ni el discurso es sobre nada (pero recordad
que pegando étiquettes estalló la bataille entre los filósofos, como
bien observó Tzara –cuya antifilosofía de las acrobacias espontáneas ya fue
denunciada como “mogolismo autoinducido” por Carlitos (Tostado) Feiling, conciudadano
anglocomegato, y a ello vamos: peor es que le endilguen el cupón de
“nihilismo”). También se dice probar que bajo las reglas formales de la
escritura académica se puede escribir algo completamente carente de sentido de
cabo a rabo, que la supremacía de Badiou (alias el Maître)
en la jerarquía filosófica no es evidente por sí misma, que es un filósofo
cualquiera (comme un autre), que
suscita una admiración proporcional a la promesa de significado (sens) que nunca cumple. Se denuncia que legitimarlo por
su importancia, por su fama, por su doxa,
constituye una insensatez, que los badiuístas no saben lo que dicen (como el
poeta de Platón, que expresa un significado que no controla, un discurso que no
puede explicar), y se concluye que l’effet
d’image que deja nuestro agasajado est
désastreux pour notre discipline, la philosophie…
Ja
ja. Estoy perdiendo imagen a tu lado, che: ¡el desastre eras vos! La única
disciplina filosófica es la que practicaba Diógenes, mamertos (me refiero a los
mamertos, no a ustedes). Todo esto es una pérdida de tiempo para los que no
luchamos por un cargo en la Jefatura de Policía, aunque sea el de maestranza
–que no el de maestría (maîtrise).
Ma è
stronzo! Por más que luchemos no vamos
a conseguir nada –y además no hay nada. Es mejor la Universidad de las
Hormonas, que la Sobona. Hablar en prosa prestigia. Y en glosa ni te cuento.
¿Probaste con un yaourt?
Se dice incluso que su programa es
reconciliar a Lacan y Heidegger mediante la teoría de conjuntos, que son tres
conceptos que no guardan relación alguna (¿hablará Gorgias?), y que siendo que
no existe nadie que detente expertise
en esos tres entes a la vez, no podría ser sometido a evaluación o crítica
ninguna, y que estamos ante una filosofía que puede ser admirada por muchos
pero comprendida por casi nadie.
Hasta acá todo bien, todo obvio. Se ve que
es difícil llegar a comprender que Badiou es incomprensible.
Que ni lo nombren en “las revistas
filosóficas más respetables del mundo” o en la Stanford Encyclopedia of Philosophy che cazzo me ne frega, gil (le hablo al gil). Al contrario: lo
engalana. Faltaría ya que semejante morralla de oficinistas y payasos en blanco
y negro fueran el certificado con póliza de algo relevante o viable, manga de
nerds cuya sola existencia los refuta con preaviso.
Después
de esto hasta se me hace querible (a él le pasó con Nietzsche).
A Badiou hay que leerlo con atención flotante,
costumbre de los ahogados. No veo otra forma de someterlo a prueba en serio que
esta que hago acá: tanto más digna cuanto más impresentable. Desastrada. [Publicite aquí.] Las rencillas mafiosas
entre eunucos del saber, a tomar por Ángulo. Lo nuestro ni es un escándalo ni
es en joda, porque el ser no nos compete ni somos competentes para él y allá
él.
Yo, por mi parte, no sé reír. Nunca he podido reír, aunque lo he intentado varias veces. C’est très difficile d’apprendre à rire. ¡Es tan difícil no gustarle a nadie! Pero hay que intentarlo una vez más, no ceder en nuestro deseo y empeñarse en no malograr nuestros fracasos.
He dito (a dedo).[1]
P.D.: Más pertinente me parece la coletilla
aportada por una comentarista anónima de la publicación, quien argumenta que el
objetivo final de filosofías como la de nuestro autor es “se faire sucer la bite”. Hay que ser expeditivo en la crítica.
Intentaré aprenderlo.
[1] V. Anouk Barberousse & Philippe
Huneman, Un « philosophe français » label
rouge. Relecture tripodienne d’Alain Badiou.
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