(Despedida de cortesía y posgrado o plus +)
Chau Badiou, hola Kacem. Como
decir: más Prozac y menos Platón (o al menos más prosa). Como adelantamos en el
frustrado conato de reseña anterior, el “Muaestro” (Mouaître) fue desguazado con el puñal de la traición y el megáfono delatorio
–bajo el estándar del Nietzsche contra
Wagner–, dando por resultado esta damnatio
memoriae en prosa, en cifrado satírico y con catártico-laxante pluma en
cadena, detracción prolífera en chismes de alcoba especulativa e indignatio de vis cómica, un desahogo en
género epidíctico y método abductivo, los silogismos de la liberación (de la
caverna de Badiou): un maremágnum chispeante, doctísimo y eruditisisísimo ¡pero
infatigable! El Caesars Palace de cáñamo donde acaeció esta espectacular escena
de violencia controlada es un Valle de Ela en el que el narrador asume el rol de
un David treintañero, un petit-bourgeois
autodidacte con despoblada caja de ahorros y un módico diploma de bachiller
y que en quince años nunca fue traducido y no logra vender mil ejemplares,
trenzado en lid con un Goliat universitaire
y grand-bourgeois, superprofesor
e hipermetafísico de la tercera edad leído, traducido y comentado en todo el
orbe. Imagínense que si en París
laburan la filosofía en condiciones de vida subproletaria, ¿qué nos queda a los
litoraleños sin credencial habilitante, sueldo fijo ni módico editor ni
independiente a la vista? Pero a la larga, ufa, dicho vaudeville parece una riña a lo Rial entre
una matrona copetuda y una jovencita casquivana, ¿o qué otra cosa son los
intelectuales públicos que un aquelarre de chismosas irritantes peleándose
entre ellas para entretener al patrón de estancia que las honra manteniéndolas?
Este circo refinado nos divierte y nos educa; pero como reacción nociva no
intencionada (id est: efectos
colaterales).
Es que por más de que el Amo los cancele, los antifilósofos vuelven a
hacer de las suyas y le salen de abajo del ala a esta gallina afeitada-macho,
aunque reclaman otra rotulación para su vidriera irrespetuosa. Kacem encarna,
somatiza la queja reactiva del anti, actúa el coprotagónico dictado por el Capo
al pie del libreto; pero rechaza el letrero por obvio y burocrático: eso no
soy, boludo[1]. Se
tasa a sí mismo como un homme de lettres
y denuncia que los freídos como “antifilósofos” son nomás écrivains (“c’est-à-dire :
non-professeurs”). Él mismo es un novelista de precoces aunque
insuficientes laureles que ahora se dedica a la filosofía sin carrera formal y
al margen del aparato universitario (lo aplaudo), aunque de manera comme ci
comme ça orgánica –que hasta tiene un Sistema y todo,
dizque. En un artículo (La academia en
peligro) denomina “esoterismo moderno” a la desgracia por la cual la
filosofía desde los añares de Manuel Kant no pasa de ser filosofía de la
filosofía, o sea, dirigida en exclusiva a filósofos, una profesión endogámica,
endógena que, no obstante, anota, pudo ser infiltrada a partir de Marx y
Nietzsche por los exotéricos. Pero Kacem, aunque no lo aparente en la
foto-carnet, es demostrativo y sistémico hasta decir basta, si bien, cual su
tío abuelo Antonin, se gana el pan de actor y consecuentemente en este campo
también histrioniza, cumpliendo a rajatablas el reglamento del sindicato al que
se niega a aportar la cuota de afiliado. Para estar en la taquilla, si no te
financia la Universidad te tiene que fomentar el otro Leviatán al que llaman el
Mercado. Caso contrario, terminás en este psiquiátrico para falsos normales que
son los inhabitables PH céntricos en los cuales se irriga el
impensanopodermiento a ley de soliloquios con la IA de Google. No se está en el
Reino de los Fines y hay que abonar el alquiler: quien publica libros es un virgencito
animador de fiestas contratado por una mafia menor para pasar otra noche de
orgía y merca libre. El heroísmo privatizado del joven Mehdi quedará acotado a
este otro mecenazgo ineluctable, ceñido a las oportunidades de venta del nicho
de la prensa y las editoriales, que tampoco son santos a los que rendirles
devoción. Los antifilósofos no florecen como cardos espontáneos de una pampa en
barbecho: dan sus rindes a un manojillo de amos serviles que tributan su diezmo
neofeudal y oran en alguna de las capillas perverso-polimorfas de la corrección
política, ora científica, artística o erótica. Las condiciones de producción de
cualquier filósofo no cualquiera (poète
maudit, ecrivain, anti-philosophe descatalogado o piripipí)
son inflexibles: bufón o muerte (civil o no). El libreto está grabado en piedra
digital y el que improvisa fuera de la pentatónica menor se la toca en casa
solo, rindiéndoles cuentas a Dios o al genium
malignum camuflado de OpenIA. Vamos Lacancito, que el que no interpreta al fou du roi deja al cogito en situación de calle y va a tomar la sopa del A = A, el nihil est sine ratione y el tertium non
datur al Crotary Club de Pichincha o a hacer asociación libre al Tribunal
de la Razón Clínica del Metacriticismo Dog
matizado. No jodan, la παρρησία con código de barras es una vaca atada que rumia guionada por
un brain hacking. El riesgo-beneficio
de todo lobo domesticado por el “quinismo” es volverse un Diógenes de Pavlov,
otra que hacerse biógrafo fabulador y piloto impermeable de la flota de un
Alejandro en excursión a la India, tal aquel chihuahua egineta o de Astipalea apodado
Onesícrito. ¿Se entiende (diría Gullo)?... En el campo de la teoría-ficción, el
de toda la filosofía allende Diógenes, el emprendedurismo –como le llama el
Seba Vega o algún otro caniche con documentación oficial homologada– tiene su
precio en USD: es allí donde el angélico Idiota deviene Empresario de las Ideas,
cuyo arquetipo platónico y virolo fue el inacadémico Sartre, a juzgar por aquel
bicicletero rumano que se enseñoreaba con la explotación feudal del aforismo.
El sufrimiento esquizofrénico como curriculum
vitae de solapa… también sufraga el monotributo religiosamente cada 30
días. Para filósofo con prontuario ya estoy yo
(pregunten en la Seccional 4ª, 2ª, 16ª et aliae
a ver si no)[2]…
Lo queremos al loquito, ojo. Es capo. Es boludeo-ficción esto… si yo soy un dóberman
de torta también.
Lo
cierto es que contra las 224.672 tesis y ponencias laudándole los glúteos al
Más Grande de Todos los Vivos, no está mal tomarse unas minivacaciones y
clavarse las 431 A5 del Gran Renegado, que valen solas lo que todo este mogote
aportado por las Susanitas de la Revolución (estoy en eso). Después de Badiou y
en medio de los estruendos de su demolición programada entre trapitos al sol,
lo que viene es Kacem, que entre denuesto y oprobio, uno mejor que otro y el
consecutivo más ocurrente que el delantero, va descargando un riguroso aparato
sistemático de emergencia con el anhelo de que ese après no sea un abismo, tapando el foso con una teorización abigarrada
y torrencial cuyas sutilezas por el momento nos sobrepasan y a razón de un
nuevo concepto por cada ultraje a medida. El tipo garrapatea, hay que dejarlo
dicho, con una brillantez a años luz de cualquier olfa de paper de esos modositos que pululan lambeteándole la pantorrilla y
el peroné al as de los asses o al que
fuere de los otros Giorgio Armani del filosofema de turno. Se da el lujo de
pensar con método y toda la biblioteca encima y encima escribir con genio (no
se lo van a perdonar). Y no le basta el arte de la injuria en fase industrial
de producción en masa, le gusta atragantarse con filosofía especulativa de
punta (y hacha), de lo que resulta semejante furor scribendi bifurcado entre el speculandi y el calumniandi…
Pero en medio de la inmarcesible balacera, el contoneo conceptualista
sofisticado nos deja en el éter pedaleando en falso: hay demasiado saber y los
resultados nunca pueden no ser pobres, eso pasa en la filosofía cuando Diógenes
cuelga los guantes y la teoría se desboca hacia el infinito del comentario del
comentario del… Nos quedamos con los eslóganes, pues, dejándole al lector la
gracia de entenderles el fondo… y paciencia, que ya llegará algún
hispanoparlante de bozo en pecho que le meta letra a esta sinfonía a manivela y
la explique como se debe (no seré yo, Maestro)… Nosotros, que sólo queríamos
saber si éramos antifilósofos o qué, ahora nos desayunamos que no nos podemos
dejar bautizar por el cardenal de la diócesis enemiga… Nosotros sólo queríamos
engancharnos a una palabreja de onda, que sonara rebuscada y simpática a la
vez, pero ¡zas!, obvio: ¡¿cómo nos dejamos engatusar por esta matriarca
genérica de todas las madamas de cátedra del globo aerostático Oxidente?! Qué
bolú… eso me pasa por microfacho… o macrofacho o céfalo o séxfalo… o algo…
La cuestión es que nuestro
Martin Luther Kid clava sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia Normal
Superior, a la espera de que sus martillazos de Wittenberg detonen la Reforma
Protestante en el seno del posmodernismo pauloplatonizado. El punto (hay uno)
es que esa importación sin estampillado de las matemáticas, que suena a
engañapichanga para que los párvulos melanco de Humanidades recién salidos de
la secundaria crean haber encontrado de buenas a primeras una palabra profunda
y definitiva, es puesta en el banquillo del Tribunal Kacem, quien no cree en la
inocencia del álgebra y la trigonometría y denuncia los crímenes de lesa
Trulalá del Dr. Neurus, a los que estos Puchos del rioba con cargo docente de
JTP hacen las vista gorda, dejando que fluya símil flujo-esquizo el “síndrome
de platonismo psicótico” del paterfamilias
del ontomatema. Es Artaud, cuenta, el que dice su verdad: donde hay Ser
envuelto en inocencia y pureza, hay que esperar un diluvio de mierda y sangre. Badiou
contribuyó al destronamiento del Uno, pero cree que el Bien es todo lo que
unifica: dice que todo es múltiple y múltiple de múltiple, a la vez que recalca
que hay una sola filosofía, una sola política, un solo amor y un solo mundo, y
sin contar que su filosofía (voy siendo textual) es la más resentida jamás
vista, su política es un me importa un corno la muerte y la vida, y su
universalismo es el más presuntuoso desde los tiempos del gordo Tomás de
Aquino. Platón pretendió desterrar el Mito con una política “buena”; Badiou, lo
opuesto: proscribir el Mal (y hacer creer que es un Mito). Y por si fuera poco,
revela Kacem, no derrocó al antiplatonismo iniciado por Nietzsche: lo cumplió
con creces… Como dice un partidario,
la filosofía kacemiana es una confrontación con el Mal[3],
o sea que sigue dándole (y está muy bien) al molinete que giraba Sabato en
aquellos tiempos de la gomina o el Glostora Tango Club, por el que siguió dando
tumbos, que se diga, el Ova Lamborghini (aunque a boca cerrada y por si las
moscas de que lo asociaran con dicho amigo del Comisario). Y está muy bien,
¿pero cómo tomarse en serio cuando los que se toman en serio lo hacen con soda
y son unos payasos? ¿Con soda cáustica, acaso?... Nada que objetar si el
objetivo, confiesa en entrevista, es sacar a la filosofía de la universidad,
hacer otra cosa (parvenir à faire sortir
la philosophie de l’université, faire quelque chose de différent). Los
Nadie (Liendo dixit) estamos en esa,
pero proyectados en una mise en scène de entrecasa, con
tramoya, iluminación, vestuario, maquillaje y caracterización para mirarnos hacer
muecas en el espejito que está frente al bidet. Porque, al final, ser un bon sauvage que cuenta con “cuadernos de
estudios kacemianos” y es el primer filósofo en dar un simposio a los treinta y
nueve años en la ENS (École Normale Supérieure)[4]
dista unos cuantos kilómetros de ser un Kaspar Hauser inducido a luz en las
inmediaciones del Monumento a la Bandera, como la gente como uno (lúmpenes de
privilegio y con franquicia apenas para abrir un blog, en resumidas cuentas y a
la postre Shimmy).
Luego
de ocho temporadas de vasallaje, el ex joven –o el joven ex– se lanza al ataque
contra el lema del capataz que reza “mieux
vaut un désastre qu’un désêtre”, juego de palabras que el translator de Google propone verter como
“más vale un desastre que no existir”. Más vale, para el alado Badiou, un no
decente que el desente: es preferible
practicar la metafísica-catástrofe que quedarse en casa viendo Netflix. Para
Kacem, empero, martirologios como los de Kafka, Beckett, Celan o Godard, dicen
todo lo contrario, de lo que no hace caso este Dr. Revolución al que le chupa
un huevo mandar a medio mundo al patíbulo mientras campea en su confortable
heroísmo de burofalócrata-estalinista-imaginario. Es, testifica el ex becario,
un genio puramente metafísico –o sea autista–
que lleva al cul-de-sac y te da por cul mientras escribe un toco de ñoñerías
sobre cine, amor, política y todo el resto, inclusa su Teoría del Sujeto, que es
un impase que culmina, leemos, en una reeducación similar a un campo de
concentración en política, en machismo heteronormativo en el amor, en espiritualismo
puritano en el arte y en un insostenible idealismo positivista en la ciencia. Como
el platonismo mismo, su filosofía es una mímesis generalizada (del mismo
platonismo, de las matemáticas mal digeridas, del maoísmo…) y todas sus poses
son prestadas: un reciclador de clisés que hace del Bien un kitsch y prueba por el absurdo la
obsolescencia del vocabulario que manosea de los cajones. El desastre siempre
estuvo acá, añade Kacem a todo esto, y no tiene fecha histórica: no es un
producto de fábrica del siglo precedente o el que lo precedió sino que viene de
la Architransgresión, de la superación por parte del animal humano de su
entorno natural a través de la Ciencia
(pedernal, caza, agricultura, dibujo, escritura), de la
transgresión de sus límites animales por vía tecnológica, ese acontecimiento
semejante a un milagro atroz… En resumen: la ópera magna de Badiou (ahora le
pongo comillas) es “un fascismo delirante donde la muerte no es más que una
fórmula estúpida, la animalidad mera carne de cañón, la sexualidad un
estereotipo, el amor sentimentalismo burgués, el arte espiritualismo, la
política una tiranía monologada, el derecho una inexistencia, la polución un
conjunto vacío y la ‘filosofía’ una sórdida impostura profesoral”… -¿Algo
más? -Envuélvamelo para regalo.
Dejando
de lado las sofocantes complejidades del rebuscado hiperfilosofismo de allende
los Pirineos, a las que apenas nos atrevemos a sospechar (no en el sentido
Marx-Nietzsche-Freud sino como Dolina-Dorio en el dial advertían “sospechar” el
griego), consta que el cuadro clínico de “Père
Ubadiou” nos sobrecoge y por dorso. A falta de Sokales, el retratista en
primerísimo primer plano distingue al gran metafísico y al matemático brillante
(¿será?), pero deja expuestos al novelista indigesto y execrable, al líder
político atroz, al amante machista, el flautista dominical y a un actor
exagerado o de tonelería (sigo textual). Sus aspiraciones de renacentista
hombre-orquesta son desbaratadas y lo que queda es uno más de esos terroristas
con titularidad de cátedra y libre portación de petulancia que interpretan la
vocería de la fracción cultural de la burguesía subalterna que se autosatisface
importunando por izquierda a los artistas del hambre del lumpen-proletariado
con crédito hipotecario: aquel Alfa de Magisterio o “Platón metapornografico”
que, mientras practica un “polpotismo” de salón, verduguea y sobra en voz baja
al grueso de rivales que con la mano derecha y en sus epitafios públicos perdona
la vida.
Dicho esto, al hueso.
Ya teníamos que el antifilósofo, ahora entrecomillado, es simplemente un
filósofo no escolar que cambia alumnado cautivo por lectores inciertos y pasa
de largo del Bien. Pero hay una bonificación especulativa. Y el estribillo de
Kacem a este respecto es que toda antifilosofía (término infame, dice) es una
archipolítica (siendo la Archipolitica el correlato inmediato como
expropiación, de la apropiación de la Architransgresión); o sea, que la esencia
del argumento antifilosófico es la condición política y que la política es lo
que induce a la filosofía a su propia desaparición, con lo que vaticina que la
filosofía de Badiou es una antifilosofía que logra ignorarse a sí misma, un
engaño prodigioso cuya condición es la anulación de la política, una política
que es su síntoma antifilosófico: el sinthome
de Badiou.
Kacem
maneja una tesis grosso modo ajustable
a la de Groys: señala que la tesis 11 de Marx prohíbe que la filosofía sea un
acontecimiento porque reproduce una ideología de la Restauración que impide que
revolucione sus propios presupuestos para un comienzo histórico nuevo. El
exotérico Carlitos, vemos, es un antifilósofo a la Groys, mas un
antiantifilósofo a la Badiou, el de un Badiou que se lavó las manos y no quiso
abrir el debate filo/anti en Marx, Lenin o Mao porque (¡atenti!) “se resiste a
aceptar que la tesis 11 es la declaración filosófica por excelencia”. De este
modo, dice, “evita someter la política moderna a juicio como antifilosofía para
no tener que descubrir que la antifilosofía absoluta es la política en sí
misma”. Para él, denuncia Kacem, el antifilósofo sería el que se hace llamar
filósofo pero no se involucra en la política: sus “antifilósofos” son los
absolutos antipolíticos porque uno sólo puede ser llamado filósofo si crea una
nueva manera de llenar el agujero político. Es así que Badiou perpetra, cito,
una extraña operación por la que exime a un Lenin o a un Saint-Just de presunción
de antifilosofía y sólo considera dignos de inquisición a aquellos casos en los
que se puede descifrar de manera más o menos obvia un interés en que la
religión llene nostálgicamente el vacío de la política. Conforme al ajuste
kacemiano, la antifilosofía moderna es siempre la contestación de lo universal
por lo singular y el antifilósofo moderno es el pensador de la singularidad
como excepción al Universal filosófico abstracto. El anterior, hasta Pascal,
nomás pretendía realizar lo Universal gracias a la fe y de forma mucho más
efectiva que en los debates de la aristocracia filosófica, en tanto que la
filosofía antigua –sofistas, epicúreos, estoicos– comportaba una sabiduría
administrativa de la singularidad, una “buena vida” que implicaba la “buena muerte”
(y no la fórmula lógica estúpida que le aplica a la muerte Badiou). Para Kacem,
las escatologías comunistas, fascistas o liberal-democráticas son la religión
secular inmanentista. Por lo demás, da por obvio que las democracias liberales
son los sistemas políticos más habitables que la humanidad ha conocido y agrega
que si la palabra comunismo no está destinada a importar ese modelo libre y
laico a todo el mundo, es mejor dejársela a los ilusionistas académicos. La
religión, Dios mediante y Pablo, logró durante un milenio y medio “la
coalescencia imaginaria de singularidades bajo un Universal que la filosofía
había podido postular sin realizar”, logro que la política revolucionaria marxista-leninista
realizó por las suyas por una breve centuria, hasta ser destrozada por el
triunfo del universalismo abstracto del Capital, que arrolla a la mayoría de
las singularidades a las que dice servir. Así el escenario, Kacem diagnostica
que la antifilosofía en dicho sentido vulgar triunfa y lo seguirá haciendo, “aún
más si no desenmascaramos la impostura del pronunciamiento retórico de Badiou
sobre el significante ‘filosofía’”.
Ignoramos,
en fin, qué quiere decir el muchacho con todo esto (o ignoramos si lo sabemos),
esperando otra vez que el Lector o el Alumno asistente al Curso nos lo pueda
explicar (quizá en el curso del próximo año y su correspondiente Curso). Nos
demandó teclear 500 páginas y no sé cuántos años dedicados a cualquier otra
cosa comprender que Badiou era incomprensible, así que imaginen que hacer ídem
con Kacem nos podrá lanzar a otro Curso Exprés de una Década. Su puñal por la
espalda, comparado con el elegante linchamiento público patrocinado por los
susodichos filósofos serviles a la ciencia, puede ser considerado como una de
las bellas artes del asesinato o un asesinato cometido por las bellas artes (ars longa, en este caso). Así descubrimos,
a los postres, que Kacem ya había pensado todo lo que pensamos (sobre todo los
chistes) y un año antes de que diéramos curso al Curso y lo abandonáramos por
desierto y lucro cesante (también hay “Antifilósofo Cesante”, Horacio –in memoriam). No simplemente dijo antes
todo lo que dijimos, sino todo lo que podríamos haber dicho y no nos salió (a
veces por suerte). Nos consuela que plagiamos al aire y no a él (que sigue sin
traducción al lunfardo o gasó) y que lo hicimos tirando caños sin mosquearnos, à la maniere del Maradó del ascenso y no
con el estilete maravilloso de un enfant
terrible parisien. Con mi Sistema se aprende más que faltando a practicar…
y elegimos la todoincomodidad de un vestuario de Excursionistas para cogitar tranquilos,
que no un aula magna en el Estadio Mundialista de la Av. Figueroa Alcorta o en
el Gigante, porque nuestra gimnasia acrobática es una pirámide humana de enanos
a hombros de enanos a hombros de enanos a hombros de enanos… cosa mejor que ser
el aviador aviado que se comió la gripe aviar après del gallo expectorado al paraninfo de Lacademia…
Kacen nos conmina al dilema de seguir fieles a la psicosis-AB o pegar el
timonazo junto a él; pero nosotros, como Bosteels, somos espectadores ni-ní de
la velada pugilística del Madison, aunque de los que tararean con la barrabrava
en una modesta popu de la C.
PD après Plandemia
¿Se está con Badiou o contra
Badiou? ¿Aplica el tercero excluido? Luego de que el Maestro de los Maestros
saliera a dar la cara por el Covid-19,
solfeando cumplidos a las medidas de confinamiento, el uso indiscriminado del
bozal quirúrgico y la inoculación obligatoria, dicha alternativa en boca de
Kacem se enuncia así: con la Oligarquía o con el Pueblo. Vide para más datos su epístola moral intitulada Remarques sur la désorientation d’Alain
Badiou (et desintellectuels en général). Esta carta es la estocada final,
no por méritos adicionales del remitente, sino por el ignominioso
comportamiento del destinatario al que la misma refiere… La Oligarquía es ley
de hierro, se sabe; pero ¡al menos dame una que sepa mandar! (¡como el
sinopense!)… Que sepa mandar fuera de los claustros y los libros. El Reino de
los Fines y de los Cielos no llega nunca –y ni siquiera es una desgracia
(desgracia es lo que hay: esto). La Anarquía, el Comunismo, son Hipótesis que
esperan sentadas a que las merezcamos, Borges, o a que el sentido automático de
la Historia tome el curso; pero la Meritocracia es un desgobierno. A veces
menester es ser Obvio para ser Obtuso. El problema con el Pueblo –sea lo que
este fuere y sobre todo un Peuple
afrancesado como el porteño de 1810 a esta parte– es que ese espantapájaros
está casi siempre del lado de la Oligarquía en un altísimo porcentaje, por lo
que te obliga a acovacharte en el despotismo ilustrado por encargo (todo por él, nada con
él). Algunos ahora se están avivando (otros lo hicieron después de interfectos,
allá en la urna de los ex votos, la cineraria), pero, mientras tanto, los que
quedaron ya están sacando un crédito para ir comprando el nuevo verso que se
venga esta temporada otoño-invierno. Déjalos ser. No pueden recepcionar otra
Verdad que la que publicite este año la más flamante maratón de series de
Netflix, entre sofá, pochoclo y mantita. No pueden pensar después-de-Badiou
porque todavía no llegaron ni a Anaximandro, que creen que es una disco de los
80 entre Santa Fe y Presidente Roca. Pero se las saben todas (yo tampoco)…
Nosotros, que ni para Autodidactas nos da (como mucho Autócratas Frustrados… hasta como Autodictadores), pues soportamos un frondoso expediente cajoneado en los roperos de la polvorosa bedelía de la Santa Unión de los Corazones Solitarios del Sto. Pérez García (laicizada como UNR), ni nos podemos hacer las virgencitas tunecinas, ¡ni siquiera! Somos pornocos que le salen al Sistema, necesarios para que se recicle y rece… tee. Tenemos un Plan para apoderarnos del Planeta la Tierra, sí… pero no lo puedo decir ante las cámaras (¡hay micrófonos por todos lados!)… La cosa es que vos te enrolás en la Academia para salir de la Caverna y resulta que volviste adentro derecho viejo, pero ahora sin saberlo y con “comodidad conciencial”… La Crítica Académica del Capitalismo desde el Capitalismo Académico Crítico (o No, da lo mismo) es más vieja que la escarapela… Así es como el Platón 2.Æ, el Dr. Jekyll del Bien-Malo, el Víctor Hugo teorético del siglo, el Psicótico-Rey del Carnaval de Niza se convirtió, dice el autor de la misiva, en promotor inmobiliario de la Caverna s. XXI, ya sin tapujos ni pujos mayéuticos, que de eso iba su efebía de la perversión, a fin de cuentos. Mehdi lo manda al frente, con su envidiable paranoia teatral a lo Jean-Jacques, y no podemos más que hacerle el aguante a este Sto. Cruz que ha despabilado, despertando de la Antro-Copia en carbónico, y que propone crear una entente lumpen-pequebú contra los señorones de la ultraizquierda recontraburguesa filocuarentena. ¡Ansí se mata a un Cobarde!... ¡Chau Baaldiou, masón de Vaticano!… ¡mostraste la hilacha!… Ya está… A otro perro con tu Idea de pulga.
[1] Après
Socrate, así se
llamó el panfleto óntico de Jantipa luego del divorcio legal.
[2] Se
adjunta autografiada la huella dactilar en solapa de contraportada –confer ficha Vucetich ibídem o passim. Todos los derechos reservados.
[3] Michaël
Crevoisier, Jeu et philosophie de Mehdi
Belhaj Kacem: Enjeux d’une lucidité de la postmodernité
(journals.openedition.org).
[4] « Des phrases qui sauvent la peau » :
entretien avec Mehdi Belhaj Kacem (inferno-magazine.com).
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