Après Kacem: ¡chau Badiou!


(Despedida de cortesía y posgrado o plus +)

 

Chau Badiou, hola Kacem. Como decir: más Prozac y menos Platón (o al menos más prosa). Como adelantamos en el frustrado conato de reseña anterior, el “Muaestro” (Mouaître) fue desguazado con el puñal de la traición y el megáfono delatorio –bajo el estándar del Nietzsche contra Wagner–, dando por resultado esta damnatio memoriae en prosa, en cifrado satírico y con catártico-laxante pluma en cadena, detracción prolífera en chismes de alcoba especulativa e indignatio de vis cómica, un desahogo en género epidíctico y método abductivo, los silogismos de la liberación (de la caverna de Badiou): un maremágnum chispeante, doctísimo y eruditisisísimo ¡pero infatigable! El Caesars Palace de cáñamo donde acaeció esta espectacular escena de violencia controlada es un Valle de Ela en el que el narrador asume el rol de un David treintañero, un petit-bourgeois autodidacte con despoblada caja de ahorros y un módico diploma de bachiller y que en quince años nunca fue traducido y no logra vender mil ejemplares, trenzado en lid con un Goliat universitaire y grand-bourgeois, superprofesor e hipermetafísico de la tercera edad leído, traducido y comentado en todo el orbe. Imagínense que si en París laburan la filosofía en condiciones de vida subproletaria, ¿qué nos queda a los litoraleños sin credencial habilitante, sueldo fijo ni módico editor ni independiente a la vista? Pero a la larga, ufa, dicho vaudeville parece una riña a lo Rial entre una matrona copetuda y una jovencita casquivana, ¿o qué otra cosa son los intelectuales públicos que un aquelarre de chismosas irritantes peleándose entre ellas para entretener al patrón de estancia que las honra manteniéndolas? Este circo refinado nos divierte y nos educa; pero como reacción nociva no intencionada (id est: efectos colaterales).

     Es que por más de que el Amo los cancele, los antifilósofos vuelven a hacer de las suyas y le salen de abajo del ala a esta gallina afeitada-macho, aunque reclaman otra rotulación para su vidriera irrespetuosa. Kacem encarna, somatiza la queja reactiva del anti, actúa el coprotagónico dictado por el Capo al pie del libreto; pero rechaza el letrero por obvio y burocrático: eso no soy, boludo[1]. Se tasa a sí mismo como un homme de lettres y denuncia que los freídos como “antifilósofos” son nomás écrivains (“c’est-à-dire : non-professeurs”). Él mismo es un novelista de precoces aunque insuficientes laureles que ahora se dedica a la filosofía sin carrera formal y al margen del aparato universitario (lo aplaudo), aunque de manera comme ci comme ça orgánica –que hasta tiene un Sistema y todo, dizque. En un artículo (La academia en peligro) denomina “esoterismo moderno” a la desgracia por la cual la filosofía desde los añares de Manuel Kant no pasa de ser filosofía de la filosofía, o sea, dirigida en exclusiva a filósofos, una profesión endogámica, endógena que, no obstante, anota, pudo ser infiltrada a partir de Marx y Nietzsche por los exotéricos. Pero Kacem, aunque no lo aparente en la foto-carnet, es demostrativo y sistémico hasta decir basta, si bien, cual su tío abuelo Antonin, se gana el pan de actor y consecuentemente en este campo también histrioniza, cumpliendo a rajatablas el reglamento del sindicato al que se niega a aportar la cuota de afiliado. Para estar en la taquilla, si no te financia la Universidad te tiene que fomentar el otro Leviatán al que llaman el Mercado. Caso contrario, terminás en este psiquiátrico para falsos normales que son los inhabitables PH céntricos en los cuales se irriga el impensanopodermiento a ley de soliloquios con la IA de Google. No se está en el Reino de los Fines y hay que abonar el alquiler: quien publica libros es un virgencito animador de fiestas contratado por una mafia menor para pasar otra noche de orgía y merca libre. El heroísmo privatizado del joven Mehdi quedará acotado a este otro mecenazgo ineluctable, ceñido a las oportunidades de venta del nicho de la prensa y las editoriales, que tampoco son santos a los que rendirles devoción. Los antifilósofos no florecen como cardos espontáneos de una pampa en barbecho: dan sus rindes a un manojillo de amos serviles que tributan su diezmo neofeudal y oran en alguna de las capillas perverso-polimorfas de la corrección política, ora científica, artística o erótica. Las condiciones de producción de cualquier filósofo no cualquiera (poète maudit, ecrivain, anti-philosophe descatalogado o piripipí) son inflexibles: bufón o muerte (civil o no). El libreto está grabado en piedra digital y el que improvisa fuera de la pentatónica menor se la toca en casa solo, rindiéndoles cuentas a Dios o al genium malignum camuflado de OpenIA. Vamos Lacancito, que el que no interpreta al fou du roi deja al cogito en situación de calle y va a tomar la sopa del A = A, el nihil est sine ratione y el tertium non datur al Crotary Club de Pichincha o a hacer asociación libre al Tribunal de la Razón Clínica del Metacriticismo Dog matizado. No jodan, la παρρησία con código de barras es una vaca atada que rumia guionada por un brain hacking. El riesgo-beneficio de todo lobo domesticado por el “quinismo” es volverse un Diógenes de Pavlov, otra que hacerse biógrafo fabulador y piloto impermeable de la flota de un Alejandro en excursión a la India, tal aquel chihuahua egineta o de Astipalea apodado Onesícrito. ¿Se entiende (diría Gullo)?... En el campo de la teoría-ficción, el de toda la filosofía allende Diógenes, el emprendedurismo –como le llama el Seba Vega o algún otro caniche con documentación oficial homologada– tiene su precio en USD: es allí donde el angélico Idiota deviene Empresario de las Ideas, cuyo arquetipo platónico y virolo fue el inacadémico Sartre, a juzgar por aquel bicicletero rumano que se enseñoreaba con la explotación feudal del aforismo. El sufrimiento esquizofrénico como curriculum vitae de solapa… también sufraga el monotributo religiosamente cada 30 días. Para filósofo con prontuario ya estoy yo (pregunten en la Seccional 4ª, 2ª, 16ª et aliae a ver si no)[2]… Lo queremos al loquito, ojo. Es capo. Es boludeo-ficción esto… si yo soy un dóberman de torta también.

     Lo cierto es que contra las 224.672 tesis y ponencias laudándole los glúteos al Más Grande de Todos los Vivos, no está mal tomarse unas minivacaciones y clavarse las 431 A5 del Gran Renegado, que valen solas lo que todo este mogote aportado por las Susanitas de la Revolución (estoy en eso). Después de Badiou y en medio de los estruendos de su demolición programada entre trapitos al sol, lo que viene es Kacem, que entre denuesto y oprobio, uno mejor que otro y el consecutivo más ocurrente que el delantero, va descargando un riguroso aparato sistemático de emergencia con el anhelo de que ese après no sea un abismo, tapando el foso con una teorización abigarrada y torrencial cuyas sutilezas por el momento nos sobrepasan y a razón de un nuevo concepto por cada ultraje a medida. El tipo garrapatea, hay que dejarlo dicho, con una brillantez a años luz de cualquier olfa de paper de esos modositos que pululan lambeteándole la pantorrilla y el peroné al as de los asses o al que fuere de los otros Giorgio Armani del filosofema de turno. Se da el lujo de pensar con método y toda la biblioteca encima y encima escribir con genio (no se lo van a perdonar). Y no le basta el arte de la injuria en fase industrial de producción en masa, le gusta atragantarse con filosofía especulativa de punta (y hacha), de lo que resulta semejante furor scribendi bifurcado entre el speculandi y el calumniandi… Pero en medio de la inmarcesible balacera, el contoneo conceptualista sofisticado nos deja en el éter pedaleando en falso: hay demasiado saber y los resultados nunca pueden no ser pobres, eso pasa en la filosofía cuando Diógenes cuelga los guantes y la teoría se desboca hacia el infinito del comentario del comentario del… Nos quedamos con los eslóganes, pues, dejándole al lector la gracia de entenderles el fondo… y paciencia, que ya llegará algún hispanoparlante de bozo en pecho que le meta letra a esta sinfonía a manivela y la explique como se debe (no seré yo, Maestro)… Nosotros, que sólo queríamos saber si éramos antifilósofos o qué, ahora nos desayunamos que no nos podemos dejar bautizar por el cardenal de la diócesis enemiga… Nosotros sólo queríamos engancharnos a una palabreja de onda, que sonara rebuscada y simpática a la vez, pero ¡zas!, obvio: ¡¿cómo nos dejamos engatusar por esta matriarca genérica de todas las madamas de cátedra del globo aerostático Oxidente?! Qué bolú… eso me pasa por microfacho… o macrofacho o céfalo o séxfalo… o algo…

     La cuestión es que nuestro Martin Luther Kid clava sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia Normal Superior, a la espera de que sus martillazos de Wittenberg detonen la Reforma Protestante en el seno del posmodernismo pauloplatonizado. El punto (hay uno) es que esa importación sin estampillado de las matemáticas, que suena a engañapichanga para que los párvulos melanco de Humanidades recién salidos de la secundaria crean haber encontrado de buenas a primeras una palabra profunda y definitiva, es puesta en el banquillo del Tribunal Kacem, quien no cree en la inocencia del álgebra y la trigonometría y denuncia los crímenes de lesa Trulalá del Dr. Neurus, a los que estos Puchos del rioba con cargo docente de JTP hacen las vista gorda, dejando que fluya símil flujo-esquizo el “síndrome de platonismo psicótico” del paterfamilias del ontomatema. Es Artaud, cuenta, el que dice su verdad: donde hay Ser envuelto en inocencia y pureza, hay que esperar un diluvio de mierda y sangre. Badiou contribuyó al destronamiento del Uno, pero cree que el Bien es todo lo que unifica: dice que todo es múltiple y múltiple de múltiple, a la vez que recalca que hay una sola filosofía, una sola política, un solo amor y un solo mundo, y sin contar que su filosofía (voy siendo textual) es la más resentida jamás vista, su política es un me importa un corno la muerte y la vida, y su universalismo es el más presuntuoso desde los tiempos del gordo Tomás de Aquino. Platón pretendió desterrar el Mito con una política “buena”; Badiou, lo opuesto: proscribir el Mal (y hacer creer que es un Mito). Y por si fuera poco, revela Kacem, no derrocó al antiplatonismo iniciado por Nietzsche: lo cumplió con creces… Como dice un partidario, la filosofía kacemiana es una confrontación con el Mal[3], o sea que sigue dándole (y está muy bien) al molinete que giraba Sabato en aquellos tiempos de la gomina o el Glostora Tango Club, por el que siguió dando tumbos, que se diga, el Ova Lamborghini (aunque a boca cerrada y por si las moscas de que lo asociaran con dicho amigo del Comisario). Y está muy bien, ¿pero cómo tomarse en serio cuando los que se toman en serio lo hacen con soda y son unos payasos? ¿Con soda cáustica, acaso?... Nada que objetar si el objetivo, confiesa en entrevista, es sacar a la filosofía de la universidad, hacer otra cosa (parvenir à faire sortir la philosophie de l’université, faire quelque chose de différent). Los Nadie (Liendo dixit) estamos en esa, pero proyectados en una mise en scène de entrecasa, con tramoya, iluminación, vestuario, maquillaje y caracterización para mirarnos hacer muecas en el espejito que está frente al bidet. Porque, al final, ser un bon sauvage que cuenta con “cuadernos de estudios kacemianos” y es el primer filósofo en dar un simposio a los treinta y nueve años en la ENS (École Normale Supérieure)[4] dista unos cuantos kilómetros de ser un Kaspar Hauser inducido a luz en las inmediaciones del Monumento a la Bandera, como la gente como uno (lúmpenes de privilegio y con franquicia apenas para abrir un blog, en resumidas cuentas y a la postre Shimmy).

     Luego de ocho temporadas de vasallaje, el ex joven –o el joven ex– se lanza al ataque contra el lema del capataz que reza “mieux vaut un désastre qu’un désêtre”, juego de palabras que el translator de Google propone verter como “más vale un desastre que no existir”. Más vale, para el alado Badiou, un no decente que el desente: es preferible practicar la metafísica-catástrofe que quedarse en casa viendo Netflix. Para Kacem, empero, martirologios como los de Kafka, Beckett, Celan o Godard, dicen todo lo contrario, de lo que no hace caso este Dr. Revolución al que le chupa un huevo mandar a medio mundo al patíbulo mientras campea en su confortable heroísmo de burofalócrata-estalinista-imaginario. Es, testifica el ex becario, un genio puramente metafísico –o sea autista– que lleva al cul-de-sac y te da por cul mientras escribe un toco de ñoñerías sobre cine, amor, política y todo el resto, inclusa su Teoría del Sujeto, que es un impase que culmina, leemos, en una reeducación similar a un campo de concentración en política, en machismo heteronormativo en el amor, en espiritualismo puritano en el arte y en un insostenible idealismo positivista en la ciencia. Como el platonismo mismo, su filosofía es una mímesis generalizada (del mismo platonismo, de las matemáticas mal digeridas, del maoísmo…) y todas sus poses son prestadas: un reciclador de clisés que hace del Bien un kitsch y prueba por el absurdo la obsolescencia del vocabulario que manosea de los cajones. El desastre siempre estuvo acá, añade Kacem a todo esto, y no tiene fecha histórica: no es un producto de fábrica del siglo precedente o el que lo precedió sino que viene de la Architransgresión, de la superación por parte del animal humano de su entorno natural a través de la Ciencia (pedernal, caza, agricultura, dibujo, escritura), de la transgresión de sus límites animales por vía tecnológica, ese acontecimiento semejante a un milagro atroz… En resumen: la ópera magna de Badiou (ahora le pongo comillas) es “un fascismo delirante donde la muerte no es más que una fórmula estúpida, la animalidad mera carne de cañón, la sexualidad un estereotipo, el amor sentimentalismo burgués, el arte espiritualismo, la política una tiranía monologada, el derecho una inexistencia, la polución un conjunto vacío y la ‘filosofía’ una sórdida impostura profesoral”… -¿Algo más? -Envuélvamelo para regalo.

     Dejando de lado las sofocantes complejidades del rebuscado hiperfilosofismo de allende los Pirineos, a las que apenas nos atrevemos a sospechar (no en el sentido Marx-Nietzsche-Freud sino como Dolina-Dorio en el dial advertían “sospechar” el griego), consta que el cuadro clínico de “Père Ubadiou” nos sobrecoge y por dorso. A falta de Sokales, el retratista en primerísimo primer plano distingue al gran metafísico y al matemático brillante (¿será?), pero deja expuestos al novelista indigesto y execrable, al líder político atroz, al amante machista, el flautista dominical y a un actor exagerado o de tonelería (sigo textual). Sus aspiraciones de renacentista hombre-orquesta son desbaratadas y lo que queda es uno más de esos terroristas con titularidad de cátedra y libre portación de petulancia que interpretan la vocería de la fracción cultural de la burguesía subalterna que se autosatisface importunando por izquierda a los artistas del hambre del lumpen-proletariado con crédito hipotecario: aquel Alfa de Magisterio o “Platón metapornografico” que, mientras practica un “polpotismo” de salón, verduguea y sobra en voz baja al grueso de rivales que con la mano derecha y en sus epitafios públicos perdona la vida.

     Dicho esto, al hueso.

     Ya teníamos que el antifilósofo, ahora entrecomillado, es simplemente un filósofo no escolar que cambia alumnado cautivo por lectores inciertos y pasa de largo del Bien. Pero hay una bonificación especulativa. Y el estribillo de Kacem a este respecto es que toda antifilosofía (término infame, dice) es una archipolítica (siendo la Archipolitica el correlato inmediato como expropiación, de la apropiación de la Architransgresión); o sea, que la esencia del argumento antifilosófico es la condición política y que la política es lo que induce a la filosofía a su propia desaparición, con lo que vaticina que la filosofía de Badiou es una antifilosofía que logra ignorarse a sí misma, un engaño prodigioso cuya condición es la anulación de la política, una política que es su síntoma antifilosófico: el sinthome de Badiou.

     Kacem maneja una tesis grosso modo ajustable a la de Groys: señala que la tesis 11 de Marx prohíbe que la filosofía sea un acontecimiento porque reproduce una ideología de la Restauración que impide que revolucione sus propios presupuestos para un comienzo histórico nuevo. El exotérico Carlitos, vemos, es un antifilósofo a la Groys, mas un antiantifilósofo a la Badiou, el de un Badiou que se lavó las manos y no quiso abrir el debate filo/anti en Marx, Lenin o Mao porque (¡atenti!) “se resiste a aceptar que la tesis 11 es la declaración filosófica por excelencia”. De este modo, dice, “evita someter la política moderna a juicio como antifilosofía para no tener que descubrir que la antifilosofía absoluta es la política en sí misma”. Para él, denuncia Kacem, el antifilósofo sería el que se hace llamar filósofo pero no se involucra en la política: sus “antifilósofos” son los absolutos antipolíticos porque uno sólo puede ser llamado filósofo si crea una nueva manera de llenar el agujero político. Es así que Badiou perpetra, cito, una extraña operación por la que exime a un Lenin o a un Saint-Just de presunción de antifilosofía y sólo considera dignos de inquisición a aquellos casos en los que se puede descifrar de manera más o menos obvia un interés en que la religión llene nostálgicamente el vacío de la política. Conforme al ajuste kacemiano, la antifilosofía moderna es siempre la contestación de lo universal por lo singular y el antifilósofo moderno es el pensador de la singularidad como excepción al Universal filosófico abstracto. El anterior, hasta Pascal, nomás pretendía realizar lo Universal gracias a la fe y de forma mucho más efectiva que en los debates de la aristocracia filosófica, en tanto que la filosofía antigua –sofistas, epicúreos, estoicos– comportaba una sabiduría administrativa de la singularidad, una “buena vida” que implicaba la “buena muerte” (y no la fórmula lógica estúpida que le aplica a la muerte Badiou). Para Kacem, las escatologías comunistas, fascistas o liberal-democráticas son la religión secular inmanentista. Por lo demás, da por obvio que las democracias liberales son los sistemas políticos más habitables que la humanidad ha conocido y agrega que si la palabra comunismo no está destinada a importar ese modelo libre y laico a todo el mundo, es mejor dejársela a los ilusionistas académicos. La religión, Dios mediante y Pablo, logró durante un milenio y medio “la coalescencia imaginaria de singularidades bajo un Universal que la filosofía había podido postular sin realizar”, logro que la política revolucionaria marxista-leninista realizó por las suyas por una breve centuria, hasta ser destrozada por el triunfo del universalismo abstracto del Capital, que arrolla a la mayoría de las singularidades a las que dice servir. Así el escenario, Kacem diagnostica que la antifilosofía en dicho sentido vulgar triunfa y lo seguirá haciendo, “aún más si no desenmascaramos la impostura del pronunciamiento retórico de Badiou sobre el significante ‘filosofía’”.

     Ignoramos, en fin, qué quiere decir el muchacho con todo esto (o ignoramos si lo sabemos), esperando otra vez que el Lector o el Alumno asistente al Curso nos lo pueda explicar (quizá en el curso del próximo año y su correspondiente Curso). Nos demandó teclear 500 páginas y no sé cuántos años dedicados a cualquier otra cosa comprender que Badiou era incomprensible, así que imaginen que hacer ídem con Kacem nos podrá lanzar a otro Curso Exprés de una Década. Su puñal por la espalda, comparado con el elegante linchamiento público patrocinado por los susodichos filósofos serviles a la ciencia, puede ser considerado como una de las bellas artes del asesinato o un asesinato cometido por las bellas artes (ars longa, en este caso). Así descubrimos, a los postres, que Kacem ya había pensado todo lo que pensamos (sobre todo los chistes) y un año antes de que diéramos curso al Curso y lo abandonáramos por desierto y lucro cesante (también hay “Antifilósofo Cesante”, Horacio –in memoriam). No simplemente dijo antes todo lo que dijimos, sino todo lo que podríamos haber dicho y no nos salió (a veces por suerte). Nos consuela que plagiamos al aire y no a él (que sigue sin traducción al lunfardo o gasó) y que lo hicimos tirando caños sin mosquearnos, à la maniere del Maradó del ascenso y no con el estilete maravilloso de un enfant terrible parisien. Con mi Sistema se aprende más que faltando a practicar… y elegimos la todoincomodidad de un vestuario de Excursionistas para cogitar tranquilos, que no un aula magna en el Estadio Mundialista de la Av. Figueroa Alcorta o en el Gigante, porque nuestra gimnasia acrobática es una pirámide humana de enanos a hombros de enanos a hombros de enanos a hombros de enanos… cosa mejor que ser el aviador aviado que se comió la gripe aviar après del gallo expectorado al paraninfo de Lacademia…

     Kacen nos conmina al dilema de seguir fieles a la psicosis-AB o pegar el timonazo junto a él; pero nosotros, como Bosteels, somos espectadores ni-ní de la velada pugilística del Madison, aunque de los que tararean con la barrabrava en una modesta popu de la C.

PD après Plandemia

¿Se está con Badiou o contra Badiou? ¿Aplica el tercero excluido? Luego de que el Maestro de los Maestros saliera a dar la cara por el Covid-19, solfeando cumplidos a las medidas de confinamiento, el uso indiscriminado del bozal quirúrgico y la inoculación obligatoria, dicha alternativa en boca de Kacem se enuncia así: con la Oligarquía o con el Pueblo. Vide para más datos su epístola moral intitulada Remarques sur la désorientation d’Alain Badiou (et desintellectuels en général). Esta carta es la estocada final, no por méritos adicionales del remitente, sino por el ignominioso comportamiento del destinatario al que la misma refiere… La Oligarquía es ley de hierro, se sabe; pero ¡al menos dame una que sepa mandar! (¡como el sinopense!)… Que sepa mandar fuera de los claustros y los libros. El Reino de los Fines y de los Cielos no llega nunca –y ni siquiera es una desgracia (desgracia es lo que hay: esto). La Anarquía, el Comunismo, son Hipótesis que esperan sentadas a que las merezcamos, Borges, o a que el sentido automático de la Historia tome el curso; pero la Meritocracia es un desgobierno. A veces menester es ser Obvio para ser Obtuso. El problema con el Pueblo –sea lo que este fuere y sobre todo un Peuple afrancesado como el porteño de 1810 a esta parte– es que ese espantapájaros está casi siempre del lado de la Oligarquía en un altísimo porcentaje, por lo que te obliga a acovacharte en el despotismo ilustrado por encargo (todo por él, nada con él). Algunos ahora se están avivando (otros lo hicieron después de interfectos, allá en la urna de los ex votos, la cineraria), pero, mientras tanto, los que quedaron ya están sacando un crédito para ir comprando el nuevo verso que se venga esta temporada otoño-invierno. Déjalos ser. No pueden recepcionar otra Verdad que la que publicite este año la más flamante maratón de series de Netflix, entre sofá, pochoclo y mantita. No pueden pensar después-de-Badiou porque todavía no llegaron ni a Anaximandro, que creen que es una disco de los 80 entre Santa Fe y Presidente Roca. Pero se las saben todas (yo tampoco)…

     Nosotros, que ni para Autodidactas nos da (como mucho Autócratas Frustrados… hasta como Autodictadores), pues soportamos un frondoso expediente cajoneado en los roperos de la polvorosa bedelía de la Santa Unión de los Corazones Solitarios del Sto. Pérez García (laicizada como UNR), ni nos podemos hacer las virgencitas tunecinas, ¡ni siquiera! Somos pornocos que le salen al Sistema, necesarios para que se recicle y rece… tee. Tenemos un Plan para apoderarnos del Planeta la Tierra, sí… pero no lo puedo decir ante las cámaras (¡hay micrófonos por todos lados!)… La cosa es que vos te enrolás en la Academia para salir de la Caverna y resulta que volviste adentro derecho viejo, pero ahora sin saberlo y con “comodidad conciencial”… La Crítica Académica del Capitalismo desde el Capitalismo Académico Crítico (o No, da lo mismo) es más vieja que la escarapela… Así es como el Platón 2.Æ, el Dr. Jekyll del Bien-Malo, el Víctor Hugo teorético del siglo, el Psicótico-Rey del Carnaval de Niza se convirtió, dice el autor de la misiva, en promotor inmobiliario de la Caverna s. XXI, ya sin tapujos ni pujos mayéuticos, que de eso iba su efebía de la perversión, a fin de cuentos. Mehdi lo manda al frente, con su envidiable paranoia teatral a lo Jean-Jacques, y no podemos más que hacerle el aguante a este Sto. Cruz que ha despabilado, despertando de la Antro-Copia en carbónico, y que propone crear una entente lumpen-pequebú contra los señorones de la ultraizquierda recontraburguesa filocuarentena. ¡Ansí se mata a un Cobarde!... ¡Chau Baaldiou, masón de Vaticano!… ¡mostraste la hilacha!… Ya está… A otro perro con tu Idea de pulga.



[1] Après Socrate, así se llamó el panfleto óntico de Jantipa luego del divorcio legal.

[2] Se adjunta autografiada la huella dactilar en solapa de contraportada –confer ficha Vucetich ibídem o passim. Todos los derechos reservados.

[3] Michaël Crevoisier, Jeu et philosophie de Mehdi Belhaj Kacem: Enjeux d’une lucidité de la postmodernité (journals.openedition.org).

[4] « Des phrases qui sauvent la peau » : entretien avec Mehdi Belhaj Kacem (inferno-magazine.com).

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